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Cuando el frío comienza: por qué aumentan las enfermedades respiratorias y cómo prevenirlas

Cuando el frío comienza: por qué aumentan las enfermedades respiratorias y cómo prevenirlas

 

Apenas se siente el cambio en el aire, cuando las mañanas se vuelven más frescas y empezamos a sacar los abrigos, también llega esa conocida sensación de que pronto aumentarán los resfríos, la tos y las visitas al médico. Cada año, con la llegada del otoño y las bajas temperaturas, las enfermedades respiratorias comienzan a hacerse más presentes, especialmente entre los niños, adultos mayores y quienes tienen defensas más bajas.

Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿Qué tiene el frío que nos hace más propensos a enfermarnos? Y sobre todo, ¿qué podemos hacer para protegernos?

Lo que provoca el frío en nuestro entorno y en nuestro cuerpo

Cuando la temperatura baja, no es solo el clima lo que cambia. También cambian nuestros hábitos, la forma en que ventilamos los espacios y hasta el estado de nuestras defensas naturales.

Uno de los principales motivos del aumento de enfermedades respiratorias es que pasamos más tiempo en lugares cerrados y con poca ventilación. En oficinas, escuelas, transporte público o incluso en casa, tendemos a mantener todo herméticamente cerrado para conservar el calor. Esto facilita la acumulación de virus en el ambiente y el contagio de persona a persona.

Además, el aire frío y seco afecta las mucosas que protegen nuestras vías respiratorias, resecándolas y dejándolas más vulnerables. Esas barreras naturales que normalmente nos defienden de virus y bacterias se debilitan, y ahí es cuando empiezan los síntomas.

Otro punto importante es que durante esta época, nuestros niveles de vitamina D suelen bajar por la menor exposición al sol, lo que puede afectar también la capacidad del sistema inmunológico para responder ante infecciones.

Los virus y bacterias que más circulan cuando baja la temperatura

  • Gripe
    • La clásica influenza, que muchas veces viene acompañada de fiebre alta, malestar general, dolores musculares y congestión nasal. Se transmite muy fácilmente, sobre todo en espacios con poca ventilación.
  • Resfrío común
    • Más leve que la gripe, pero igual de molesto. Puede causar congestión, estornudos, dolor de garganta y en algunos casos fiebre. Es muy contagioso y puede debilitar las defensas frente a otros virus.
  • Virus sincicial respiratorio (VSR)
    • Muy conocido entre quienes tienen niños pequeños, ya que es una de las causas más comunes de bronquiolitis. También puede afectar gravemente a personas mayores o con enfermedades crónicas.
  • Laringitis, faringitis y amigdalitis
    • Causan inflamación, dolor al tragar, ronquera y tos. Algunas veces son virales y otras, bacterianas.
  • Neumonía
    • Una infección pulmonar más seria, que puede derivar de una gripe mal cuidada, especialmente en personas mayores. Suele requerir tratamiento médico urgente.

¿A quiénes hay que cuidar con más atención?

Todos podemos enfermarnos, pero hay ciertos grupos que necesitan un cuidado especial porque tienen más riesgo de complicaciones:

  • Personas mayores de 65 años
  • Niños menores de 5 años
  • Personas con enfermedades respiratorias o crónicas
  • Embarazadas
  • Personas inmunocomprometidas

Qué podemos hacer para cuidarnos (y cuidar a otros)

En realidad, hay muchas cosas simples que ayudan a prevenir las enfermedades respiratorias cuando empiezan los días fríos. Algunas se pueden hacer en casa, otras en el trabajo o en cualquier espacio compartido.

  • Lavarse las manos con frecuencia: Algo tan básico como lavarse bien las manos puede hacer una gran diferencia. Usar agua y jabón, o bien alcohol gel, especialmente después de estornudar, toser o tocar superficies en espacios públicos.
  • Usar mascarilla en espacios cerrados o cuando hay síntomas: Aunque ya no es obligatoria en muchos lugares, el uso de mascarillas quirúrgicas sigue siendo una barrera muy útil, especialmente si estamos con síntomas o vamos a visitar a personas vulnerables.
  • Ventilar los ambientes: Abrir las ventanas por al menos 10 minutos al día, aunque haga frío, ayuda a renovar el aire y reducir el riesgo de contagio.
  • Abrigarse bien, pero con sentido: El cambio brusco de temperatura es uno de los enemigos del sistema respiratorio. Lo ideal es vestirse por capas, para poder regular el abrigo a medida que cambia el día.
  • Usar humidificadores si el ambiente está muy seco: Tanto la calefacción como el aire frío resecan el ambiente. Un humidificador puede ayudar a mantener el nivel de humedad adecuado para cuidar las vías respiratorias.
  • Mantenerse al día con las vacunas: La vacuna contra la influenza es fundamental para muchas personas, sobre todo quienes están en los grupos de riesgo. Consultar en centros de salud es el primer paso.

Qué pasa en los lugares donde se cuida a otras personas

En hospitales, centros de salud o residencias para personas mayores, la prevención debe ser aún más rigurosa. En estos espacios se requiere:

  • Uso de guantes médicos para tareas de cuidado y aseo.
  • Limpieza constante de superficies con productos desinfectantes.
  • Mascarillas quirúrgicas para quienes presentan síntomas o están en contacto directo con personas vulnerables.
  • Protocolos para identificar y aislar casos sospechosos.

Una ayuda desde los insumos médicos

Además de los buenos hábitos, hay productos que nos pueden ayudar a protegernos o a cuidar mejor de los demás en esta época: 

¿Cómo seguimos adelante?

Cuando las temperaturas comienzan a bajar, es normal que aparezcan algunos síntomas, pero también es un momento ideal para reforzar nuestros cuidados. Lavarse las manos, ventilar, abrigarse bien, y estar atentos a los síntomas en niños y personas mayores son gestos simples, pero poderosos.

Con pequeñas acciones cotidianas y un poco de planificación, es posible atravesar los meses fríos con menos riesgos y más bienestar para todos.

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